Por Daniela Ángel
En el apartado “Mito versus realismo en la novela” de su libro El nuevo Periodismo, Tom Wolfe resalta las características, similitudes y diferencias entre la novela clásica y la realista.
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Comienza por identificar el concepto de novela que se ha implementado desde su origen como creación literaria y durante épocas de épica, como lo fue en los siglos XVIII y XIX en Inglaterra, donde la novela poseía una función moralista, mítica y mágica. Se describía en ella la ficción auténtica como visión y a los escritores como visionarios. En este sentido, la fábula jugó un papel fundamental como misionera espiritual en el comportamiento de la sociedad estableciendo, a su vez, un legado para generaciones futuras. Sin embargo, en el siglo XIX apareció en contraste una nueva perspectiva para abarcar el mundo y el ser humano desde los relatos: historias realistas sociales.
Obras como Robinson Crusoe de Daniel Defoe y Pamela de Samuel Richardson, evidenciaron plenamente la metamorfosis literaria del teocentrismo al antropocentrismo que influenció a la novela realista. Los acontecimientos verosímiles de la literatura de ficción le daban paso a una nueva forma de contar donde el retratar la realidad, un personaje y su contexto de un modo veraz, era el fundamento de este nuevo género. Para tal fin, los novelistas se vieron obligados a documentarse sobre los referentes de su narración y realizar inmersión en el contexto que en la misma se señalaba: esto era parte del proceso de escribir novelas realistas. Algunos promotores de este fueron Charles Dickens y Honoré de Balzac.
A pesar de dar un paso hacia la trasformación de la novela tradicional y la creación de un nuevo género literario, en 1860 se devolvió hacia la novela clásica debido a que el realismo por tener cuadros o escenas cotidianas sin apreciaciones divinas carecía de “sentido” puesto que la novela realista social se limitaba a “plasmar” realidades y no a narrar historias con fines de aprendizajes encaminados al desarrollo ético-moral de las personas. Fue a partir de estas críticas que el realismo en las novelas durante 1920 pareciera inepto e inútil para la época.
A causa de los limites en los que se encuentra la novela realista y la tradición clásica se intenta crear un nuevo género y es allí donde sale la Neo Fábula que retoma las características de la novela clásica, pero sin aquellas fundamentales para la realista lo cual produce que se narre una historia llena de épica, magia y moralejas, pero en espacios y tiempos no muy determinados (porque eso es lo que hace el escritor realista: ofrece datos, diálogos reales, describe condiciones sociales, puntos de vista, etc). Por lo tanto, la narración queda al fin atemporal y situada en un lugar que no se sabe con exactitud cuál es ni en donde: ese es el fin de este nuevo género de ficción. Algunos novelistas escribieron con técnicas de este género, otros siguieron con las técnicas tradicionales y otros, como los periodistas, se adueñaron de la novela realista. La fábula, aunque compitiese con el realismo, no tuvo mucho por hacer debido a que esta solo es esencial en las sociedades en el sentido en que antecede a la imprenta. No es una historia impresa sino aquella que se narra oralmente. El realismo, por el contrario, se convirtió en una técnica refinada que se efectuó netamente como una literatura impresa en desarrollo. Cada técnica literaria tiene una función dependiendo la intención con la cual se desarrolla en cada contexto histórico.
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